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abril 21, 2021
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Día Europeo por la Igualdad Salarial entre Hombres y Mujeres

“La igualdad de las mujeres debe ser un componente central en cualquier intento para resolver los problemas sociales, económicos y políticos”. Kofi Annan 

Día de la Igualdad Salarial, Proclamada por la Unión Europea y creada con la finalidad de concienciar y sensibilizar a la sociedad española sobre la brecha salarial de género, se celebra cada 22 de febrero a partir del año 2010.

Intentar contribuir a eliminar la brecha existente en la actualidad entre hombres y mujeres, reivindica que las medidas sobre igualdad de remuneración se trasladen a mejores condiciones laborales, retribuciones y cotizaciones para las mujeres

La igualdad salarial está aún muy lejos de alcanzarse. La pandemia ha parado el mundo, pero lo que no ha dejado de aumentar es la brecha salarial entre hombres y mujeres. Y esta crisis está aumentando la brecha social, pues está afectando en mayor medida a los hogares de bajos ingresos, a las mujeres y a la juventud.

La diferencia salarial entre hombre y mujeres no ha sido erradicada tampoco en Europa, el tratado de funcionamiento de la Unión Europea dice: Cada Estado miembro garantizará la aplicación del principio de igualdad de retribución entre trabajadores y trabajadoras para un mismo trabajo o para un trabajo de igual valor, el mismo principio de igualdad de retribución estaba incluido en el Tratado de Roma ya en 1957, sin embargo, la brecha salarial existe.

Las medidas correctoras tomadas por los Estados no son suficientes o no son las adecuadas para erradicar la brecha salarial, las ocupaciones, los sectores en las que trabajan, el tipo de jornada y contrato que tiene, la renuncia o el aplazamiento de la carrera profesional para cuidar de  hijos e hijas, personas dependientes o ancianas y todo el conjunto de factores sociales, legales y económicos mantienen, vergonzosamente, la brecha salarial, todavía hoy, las mujeres en Europa, haciendo el mismo trabajo que los hombres, perciben un menor salario.

La educación, como única vía para fomentar y promover la igualdad, es la apuesta para garantizar la igualdad de trato y de oportunidades de mujeres y hombres en el empleo, se  requiere de un modelo educativo que, desde la Educación Pública, afiance la formación en igualdad y la coeducación, garantice la permanencia de las niñas y mujeres jóvenes en el sistema educativo, promueva una orientación no sexista en el acceso a carreras técnicas e impulse el acceso de las mujeres a cargos de responsabilidad en los centros y la administración educativa.

Esta situación ha persistido en el tiempo, a pesar de contar con un marco normativo, así como los avances y logros obtenidos en la igualdad de trato y oportunidades laborales, sin distinción de sexo o género.

El Día de la Igualdad Salarial en España ha sido promovido por la Comisión de Igualdad del Senado (aprobado por el Consejo de Ministros) y la Secretaría del Estado de Igualdad y contra la Violencia del Género (a través del Instituto de la Mujer), adscrita al Ministerio de Igualdad del Gobierno Español.

En cambio, la Comisión Europea conmemora el Día Europeo de la Igualdad Salarial, celebrado en el mes de noviembre, cuyo día varía anualmente en función de los datos publicados por Eurostat, sobre la brecha salarial de género medida en cómputo de hora trabajada en la Unión Europea.

El objetivo de ambas efemérides es el mismo: generar conciencia y sensibilización cerca de las diferencias salariales que han seguido persistiendo en Europa entre hombres y mujeres, promoviendo la adopción y ejecución de medidas para su debida nivelación.

Es importante destacar que el derecho fundamental a la igualdad de remuneración por género ha sido reconocido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) desde el año 1919, pero en el presente ha seguido persistiendo esta desigualdad salarial entre géneros.

Se estima que el origen de la brecha salarial proviene de la desigualdad en materia de educación y oportunidades, que han recibido hombres y mujeres.

Asimismo, la desigualdad salarial se refleja en la cotización a la Seguridad Social y, por ende, en las prestaciones sociales percibidas a lo largo de su vida laboral (desempleo, incapacidad temporal), especialmente al alcanzar la edad de jubilación, donde la brecha de género de las pensiones ronda el 35%.

En promedio, las mujeres de la Unión Europea ganan un 16,4% menos que los hombres. Para que el salario medio de una mujer en Europa sea igual al salario anual percibido por un hombre, deberá trabajar durante 418 días (53 días más de los 365 días naturales del año). Ello se traduce en que una mujer debería trabajar hasta el 22 de febrero del año siguiente, para igualar el salario masculino.

A través de la Secretaría del Estado de Igualdad y Contra la Violencia de Género del Gobierno de España se han celebrado seminarios, foros de debate, documentos en materia de igualdad retributiva y ediciones especiales del Boletín Igualdad en la Empresa (BIE).

Mención especial merecen las acciones ejecutadas por la Red DIE (Distintivo Igualdad en la Empresa), para reconocer y estimular la labor de las empresas comprometidas con la igualdad. Igualmente se ha presentado un cupón de la ONCE, para conmemorar esta efeméride.

Actualmente esta brecha salarial y de género ha disminuido considerablemente, pero no se ha erradicado, debiendo generarse compromisos y acuerdos por parte de los Estados Miembros de la Unión Europea, para promover y aplicar políticas de igualdad en materia de salario mínimo y contratación colectiva, crear empleos de calidad e incorporar a la empresa privada en la adopción de tales medidas.

Las últimas medidas aprobadas para acabar con la brecha salarial de género (registro salarial, auditorías salariales) e implantar la transparencia, se han visto sorprendidas por esta crisis sanitaria, social y económica y no podemos perder de vista que en toda crisis existen oportunidades, que podemos aprovechar o dejar pasar.

Como el teletrabajo, o la reevaluación de los puestos de trabajo y que los salarios se reajusten sobre todo en los sectores con salarios más bajos, ocupados en su mayoría por mujeres. Sectores que, en esta crisis, han resultado esenciales y de un valor social elevado.

Actividades sanitarias, de cuidado de enfermos, mayores y dependientes, eran ocupaciones invisibles que se han hecho visibles y fundamentales durante la pandemia. Por ello, mejorar las condiciones de estos trabajos esenciales contribuiría a reducir la brecha salarial entre mujeres y hombres.

Pero no solo la reevaluación de los puestos de trabajo y los subsidios pueden conseguir el objetivo de acabar con la brecha salarial: se necesita seguir trabajando en un enfoque integral.

A la luz de los impactos desproporcionados de la crisis del COVID-19 sobre las mujeres y los importantes riesgos de aumentar aún más las desigualdades existentes, las políticas salariales son también un medio esencial para limitar los efectos de la crisis en la brecha salarial de género.

Para acabar con la desigualdad en los ingresos, se deben tomar medidas más allá de la subida del salario mínimo, y su aplicación a sectores como el del cuidado y empleo de hogar, las mujeres siguen en las partes más bajas de los salarios, en la economía informal, o desempleadas, por lo que son necesarias acciones combinadas y coordinadas, como dice el informe de la OIT, que deberán afectar a la distribución de salarios, al sistema impositivo, y a las prestaciones de servicios públicos, es necesario incentivar medidas dirigidas a la promoción profesional de las mujeres en todos los sectores de actividad y el compromiso social y político para hacer cumplir las leyes existentes y avanzar en el camino que permita que en un futuro cercano, la brecha salarial entre hombre y mujeres sea un mal recuerdo para las niñas y niños del mañana.

“Lo que realmente determina la brecha salarial es la brecha por maternidad, otro factor es el hecho de que las mujeres tienden a participar en empresas donde hay una gran parte de plantilla femenina; donde sus salarios son más bajos, no necesariamente porque tengan un valor más bajo en su productividad, sino porque realmente son más bajos y aún no sabemos el por qué”. Rosalía Vázquez-Álvarez 

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